miércoles, 8 de mayo de 2013

Veredicto final


Ficha técnica

Título original: The verdict
Director: Sidney Lumet
Año: 1982
Nacionalidad: USA
Producción: Universal Pictures
Duración: 129’
Guión: David Mamet (Novela: Barry Reed)
Fotografía: Andrzej Bartkowiak
Música: Johnny Mandel
                       
Ficha artística

Paul Newman (Frank Galvin)
James Mason (Newman)

Nominaciones

Oscar a la Mejor Película, Oscar a la Mejor Dirección, Oscar al Mejor Actor, Oscar al Mejor Actor de Reparto, Oscar al Mejor Guión Adaptado.

No siempre tiene uno una segunda oportunidad en la vida.

Y esto será lo que precisamente sí tenga Fran Galvin (Paul Newman) en Veredicto final.

Un Frank Galvin de vuelta en su vida. Defraudado en el terreno personal, desahuciado en lo profesional y arrastrando los pies en vez de usándolos para andar cada noche de vuelta de la taberna a casa con unas cuantas copas de más.

Un abogado desilusionado al que sólo le queda un caso, (después de haber tenido muchos otros y haberlos perdido todos), un caso como su futuro: desesperado.

Una mujer en coma debido a una mala administración de la anestesia en el parto. Una anestesia que le hará perder al bebé y la obligará a permanecer por el resto de sus días sujeta a la vida por tubos y cables.

Y un Frank Gavin que desespera por no ser capaz de reencontrar el rumbo adecuado, como ya dijera antes, ni en su vida privada ni en el aspecto profesional. Hasta el ultimátum de su colega y (último) amigo, Newman, quien le empuja contra las cuerdas amenazándole con abandonarlo si no es capaz de superar el lamentable estado en que se encuentra por el alcohol y la falta de fe en si mismo.

Y esta fe volverá a renacer, a trancas y barrancas cuando visite a su cliente, la mujer enferma y se concentre en ella por espacio de unos minutos. Tal vez vea en ella lo desesperada y descarnada que puede llegar a ser la vida, y por lo injusto del azar que puede hacer que una muchacha en la flor de la vida quede condenada a la atrofia mental y muscular por negligencia profesional de aquellos que tienen que atender un trámite tan “sencillo” como un parto.

Y será al hacerle una visita y sentarse a meditar frente al cadáver viviente que Frank se replantee lo injusto de la situación de esta muchacha. Y lo injusto que es que él baje los brazos y se rinda a la vida cuando todavía tiene las fuerzas necesarias para volverlo a intentar. Así pues, será esta muchacha la que haga que le exija a la vida esa segunda oportunidad a la que me refería al comienzo de la presentación.

Él solo contra todo el mundo. Sin pruebas, sin testigos, sin profesionales que avalen su tesis, y con la familia de la muchacha en contra por negarse a aceptar una compensación económica para “callarles la boca” por un impulso reflejo que le hace pensar que todavía pueden enfrentarse al Hospital Santa Catalina y su legión de abogados con el único objeto de hacer Justicia.

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