miércoles, 8 de mayo de 2013

Una habitación con vistas

Ficha técnica


Título original: A room with a view
Director: James Ivory
Año: 1986
Nacionalidad: Reino Unido
Producción: Ismael Merchant
Duración: 112’
Guión: Ruth Prawer Jhabala (Novela: E.M. Forster)
Fotografía: Tony Pierce Roberts
Música: Richard Robbins               

Ficha artística

Helena Bonham Carter (Lucy Honeychurch)
Maggie Smith (Charlotte Bartlett)
Julian Sands (George Emerson)
Daniel Day-Lewis (Cecil Vyse)

Premios

Oscar Mejor Guión Adaptado, Oscar Mejor Dirección Artística, Oscar Mejor Drama de Época en 1986. 

Clásico propio del romance británico. Un romance propio de finales del siglo XIX, principios del XX, cuando las mujeres empezaron a emanciparse, y sobre todo, cuando éstas lograron romper la “jaula” en la que habían vivido siempre, supeditadas al varón.

Pero a trancas y barrancas, puesto que la mujer no fue reconocida en su plenitud de derechos y condiciones, (sociales e intelectuales), hasta la mitad del siglo XX.

Por lo tanto, en los albores de la revolución femenina, las mujeres se “enclaustraban” en sus “jaulas”, como se dice en Inglaterra, que no eran otras que sus propias casas, y uno de los pocos métodos para evadirse y vivir sus fantasías era la literatura, en donde no dejaban de estar encerradas, pero la irrealidad de ésta les proporcionaba cierta autonomía, sobre todo cuando leían obras escritas por las primeras emancipadas, o parcialmente liberadas, que deleitaban a las demás dándoles a conocer lugares exóticos, países desconocidos, costumbres diferentes y ciertas dosis de sensualidad, hoy en día irrelevante, pero que a buen seguro ruborizaría a más de una lectora de su época.

Película perfectamente ambientada en este ambiente de clase alta inglesa, en donde las muchachas se desplazaban al continente para pasar largas temporadas visitando museos, disfrutando en balnearios, paladeando otros sabores y viviendo aventuras a escondidas.

Tal es el caso de Lucy, que siendo una muchacha conocerá en Italia a un joven apuesto, algo retraído, que le abrirá las puertas del deseo, algo no sólo desconocido por ella hasta la fecha, sino reprimido por el corsé, real y figurado, que suponían las normas de buena educación de la época.

Afortunadamente, Lucy irá acompañada por su prima y dama de compañía, Charlott Bartlett, una parte menos afortunada de su familia, que sin embargo viene como anillo al dedo para ejercer de carabina para la madre de Lucy. Y a pesar de todo, su llegada a la pensión italiana en donde pasarán una temporada, su habitación, a todas luces peor de lo que habían soñado, pues carece de vistas, y conocer a los Emerson (padre e hijo), cambiará su vida revolucionando su existencia al mismo tiempo que sus hormonas.

A Lucy, que está en edad casadera, le espera regresar a Inglaterra, encontrar un marido, recibir el visto bueno de su madre, tras conocerlo y reconocerlo apto, y formar su propia familia regresando al corsé de lo políticamente correcto y muy a su pesar, dejando para el recuerdo en su memoria, su casi inexistente aventura, pero bien alimentada con la nostalgia que quedará para siempre ligada a su recuerdo de Italia.

Los países mediterráneos, Italia, Francia, España y en menor medida, Grecia, ejercían un influjo extraordinario en la cultura inglesa de la época que nos concierne, la piel tostada por el sol, las melenas oscuras de las mujeres, los peinados engominados de los varones, el aceite de oliva, (no tanto en Francia), la dieta mediterránea, su naturaleza y el carácter de las personas, aderezado con la historia y la cultura inherente tras más de cuatro mil años de cultura grecolatina, con todo esto, suponían un influjo, un marco ideal para enmarcar simbólicamente el paso de la adolescencia a la madurez de los ingleses, y en mayor medida, de las inglesas.

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