jueves, 9 de mayo de 2013

La costilla de Adán


Ficha técnica

ítulo original: Adam’s rib
Director: George Cukor
Año: 1949
Nacionalidad: USA
Producción: Metro Goldwin Mayer
Duración: 101’
Guión: Ruth Gorgon & Garson Kanin
Fotografía: George Folsey
Música: Miklós Rózsa
                       
Ficha artística

Spencer Tracy (Adam Bonner)
Katherine Hepburn (Amanda Bonner)


Con esta película nos encontramos con la sempiterna lucha del siglo XX de la mujer por alcanzar la igualdad en cuanto al disfrute de los derechos que los hombres. Sobre todo en los Estados Unidos, que junto al Reino Unido serían las naciones en las que las sufragistas y movimientos feministas proliferaran con mayor fuerza.

Y de eso trata esta película. Obviamente, para la época en que se desarrolla ya hemos avanzado un buen trecho, no obstante Amanda Bonner, la mujer feminista, se nos presentará como una letrado exitosa y de renombre, compartiendo vida feliz con su marido, Adam Bonner, otro abogado igualmente exitoso y de renombre.

La trama de la película quedará con las cartas sobre la mesa desde los primeros cinco minutos: se produce un “intento de” asesinato, hoy lo llamaríamos “violencia de género”, pero entonces era un mero arrebato pasional. En fin, en el que nos ocupa veremos a una mujer que despechada opta por escarmentar a su marido, cuando no quitárselo del medio. Despechada y burlada, pues el motivo de su despecho no será otro que la permanente infidelidad de su cónyuge.

Estos ingredientes, aderezados con comentarios machistas, aparentemente inofensivos, pero sumados uno tras otro hacen que Amanda explote al enterarse de que su marido Adam será el defensor de la víctima (en parte culpable también).

Y aquí empezará realmente la película, cuando Adam se entere de la afrenta que le hace su mujer por enfrentarse a él en público le provoca ardor de estómago. El matrimonio se enfrentará ya no solo dentro del hogar sino en los mismos tribunales, defendiendo ella a la acusada y ejerciendo él de fiscal (acusación), convirtiendo lo personal en profesional y viceversa.

La otrora pareja feliz, qué digo feliz, perfecta, que desayunaba junta en la cama entre prensa, zumos de naranja y arrumacos, ahora empezará a distanciarse poniendo por medio un sinfín de estereotipos infundados, de uno y del otro género (no se libra ninguno) y empieza la guerra.

Adam defenderá a su cliente, a todas luces un sinvergüenza; engaña a su mujer, la pega, la desprecia y encima sale indemne del intento de asesinato, por lo que después de ir cargando año tras año con un montón de motivos para ser juzgado y condenado, encima, al ser la víctima hará que se convierta en la parte “débil” y forzada en busca de justicia.

Esto será lo que saque a Amanda de sus casillas, quien pretende justificar el hecho del intento de asesinato si lo estudiamos no como un hecho aislado, sino como el resultado de la suma de todas las pequeñas vejaciones a las que la mujer ha sido sometida en los últimos años.

Este caso irá abriendo una brecha irreparable en la que fuera (como dije antes) una pareja perfecta, incapaz de respirar el uno sin el otro hasta que los prejuicios se entrometieron en sus vidas, eso y el orgullo de género.

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