jueves, 9 de mayo de 2013

Carros de fuego

Ficha técnica

Título original: Chariots of fire
Director: Hugh Hudson
Año: 1981
Nacionalidad: EE.UU.
Producción: 20th Century Fox
Duración: 123 minutos
Guión: Collin Welland
Fotografía: David Watking
Música: Vangelis
                       
Ficha artística

Ben Cross (Harold Abraham)
Ian Charleson (Eric Lidell)

Premios y nominaciones

Oscar a la Mejor Banda Sonora, Mejor Guión Original, Mejor Fotografía y Mejor Vestuario

Nominada a Mejor Director y Mejor Actor de Reparto.

Obra maestra de Hugh Hudson, Carros de fuego de 1981. En ella recrea con suma perfección el espíritu olímpico de principios del s.XX.

Los juegos olímpicos nacieron con un profundo sentimiento religioso, en tributo a los dioses del Olimpo e ideados para catapultar al estrellato a los semidioses que resultaban laureados tras vencer en las diferentes pruebas. El deportista que ganaba una competición se veía exento de muchos deberes como premio y ganaba al mismo tiempo la inmortalidad entre sus semejantes.

Cuando el Barón Pierre de Coubertin impulsa la creación de los Juegos Olímpicos modernos, en 1894 lo hizo movido por tres valores destacados: la salud mental, la física y si cabe la espiritual.

En origen, estos nuevos juegos se cubren con una pátina romántica y en ellos participarán los jóvenes privilegiados de las aristocracias orientales y occidentales. Se crea una élite intelectual que adora al deporte por encima de todas las cosas. El deporte en esencia, esto es: competición sana entre iguales con el sano espíritu de saborear la derrota tanto como la victoria con tal de formar parte del escaso grupo de privilegiados capaces de llegar a una cita internacional de estas características.

Los juegos clásicos paraban las guerras en la antigua Grecia. También en el s.XX adquirieron este poder sobrenatural que embarga a los regímenes políticos. Pasó en la Alemania Nazi, pasó en la Unión Soviética y pasó en la República Popular China.

Carros de fuego - Cine y Deporte - el fancine - ÁlvaroGP
Carros de fuego - Cine y Deporte - el fancine - ÁlvaroGP

La película ensalza los valores que el Barón deseaba destacar. Esa nobleza capaz de sacrificar sus horas de esparcimiento y sus fortunas en pos de competir por la gloria personal y nacional (antaño “polis” o ciudad estado natal).

Veremos a dos protagonistas diferentes, casi opuestos en algunos aspectos, que se dan cita de cara a representar al Reino Unido en los JJ.OO. de 1924.

Eric Lidell, campeón escocés de velocidad, cristiano hasta el fundamentalismo, pastor y misionero en Oriente aparcará todo y a todos por unas semanas en su entrenamiento para los juegos. Llegado el momento demostrará que el hombre no solo es noble cuando pone todo su empeño por conseguir un objetivo, nos enseñará que es igualmente noble sabiendo no ceder a las presiones de las más altas esferas con tal de no quebrantar su fe y sus principios.

Abraham se abrirá un hueco en la Inglaterra protestante luchando contra el reloj en la pista y contra los prejuicios sociales en la vida real demostrando la fortaleza del deportista sabiendo defender sus principios semitas a toda costa.

Hemos visto los principios espirituales que enfrentan a ambos protagonistas, pero también serán diferentes en cuanto al método empleado para llegar a lo mas alto.

Lidell es el prototipo de deportista olímpico en que se inspiró el Barón, noble de acto, casi también de cuna, cristiano y dotado de una habilidad natural para competir sin esfuerzo al saberse superior a todos cuanto le rodean. Deportista amateur en un mundo amateur como eran los primeros juegos modernos abriendo un debate en torno a la profesionalización de los deportistas que duraría hasta los juegos de Barcelona en 1992 con la llegada del Dream Team de Baloncesto.

Abraham no es un deportista profesional, pero recurrirá a los servicios de un entrenador que sí lo es para lograr alcanzar su meta, ser el hombre más rápido del mundo. Motivo que por poco le dejará fuera de la competición y que hará que su propio entrenador no pueda pisar el estadio olímpico.

Mención aparte merece la banda sonora que nos brinda ésta película con la creación de Vangelis, oscarizada y siempre celebrada por su estilo innovador y elegante que sume a la película en un susurro de elegancia y saber hacer.

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