martes, 30 de abril de 2013

Gato negro, gato blanco


Ficha técnica

Título original: Црна мачка, бели мачор Crna mačka, beli mačor, “Gata negra, gato negro”
Director: Emir Kusturica
Año: 1998
Nacionalidad: Yugoslava (colaboración francesa y alemana)
Producción: Karl Baumgrtner, Maksa Catovic
Duración: 135’
Guión: Emir Kusturica, Gordan Mihic
Fotografía: Thierry Arbogast
Música: Goran Bregovic, Voja Aralica, Dejo Sparavalo
Montaje: Svetolic Zajc

Ficha artística

Bajram Severdzan (Matko)
Jasar Destani (Zare)
Florijan Ajdini (Ida)
Salija Ibraimova (Didin)

Picaresca, miseria, pobreza, alegría, drama, comedia, amor, desamor… Adjetivos todos, válidos para definir a esta película incatalogable.

Si quisiéramos resumirla en una sola palabra, esta sería sin duda: CONTRASTES.

Emir Kusturica, cineasta yugoslavo, retirado del cine por la crítica política a la que se le sometió en Francia tras su película Underground, vuelve a ponerse tras las cámaras para reflejar aquello que conoce, el mundo de los contrastes que salpican su ya “exyugoslavia”, ahora dividida política y religiosamente tras una guerra fratricida.

Pero hay algo que nunca ha cambiado, y que nunca lo hará. Tanto en su antigua nación (y actuales), como en las circundantes, la vida caótica de la etnia gitana, sin fronteras, sin banderas, sin tierra y sin normas. Una sola cosa vertebra a este pueblo, el romaní, su lengua zíngara inamovible desde siglos atrás, vigente desde Portugal hasta Hungría y Bulgaria, con matices, pero inmutable.

Un pueblo romaní a caballo entre lo legal y lo ilegal, pero que ante la duda, establece sus propias leyes allá donde se acomode, como nómada y anárquico que es.

Y tal es el contexto de esta película,

Matko, un traficante de poca monta que se dedica a la estafa y al contrabando a orillas del Danubio. Estafador y estafado, pues sus pocas luces y sus pocos recursos limitan sus posibilidades.

En la película veremos cómo traza un plan para robar un vagón de gasolina y después venderlo: un plan perfecto. Perfecto salvo por algunos detalles: carece de respaldo económico para contratar los esbirros necesarios, lo cual hará que tenga que tocar una serie de palos, inventar la muerte de su padre para sensibilizar al patriarca de la zona, enriquecido con la venta de bebidas alcohólicas falsificadas, contratar a un matón y sus secuaces, enriquecidos con la droga y el tráfico de armas, cuando no de mujeres… Y después, confiar en todos ellos.

Estas son las piezas en torno a las que girará la película. Como bien dijera al principio, rayando la legalidad, pero desde el lado ilegal, haciendo justicia a golpe de pistola y presentando los contrastes propios de este pueblo, veremos constantes muestras durante la película, gente miserable que vive entre joyas fruto de la estafa, asesinos con palacios, verdaderos palacios, fruto del tráfico de drogas, humildes desdentados con fundas de oro.

La verdadera película tratará de amor, el amor de Zare por Ida, y las dificultades que tienen algunos gitanos para casarse con la persona que les ha robado el corazón, cuando se sobreponen los intereses familiares, los trapicheos, las deudas de familia y los asuntos pendientes, vulnerando cualquier ley europea, (en este caso), mercadeando con el matrimonio…

Todo inmerso en un surrealismo exacerbado y una banda sonora que desbordada al espectador por ser interminable, casi se diría que desde que empieza la película se escucha una canción que no termina de principio a fin. No es así, claro que he exagerado, pero la música será otro de los ingredientes de la película.

Ida trabaja en el restaurante de su abuela, y de aquí, junto con las múltiples escenas de banquete, comilonas e idas y venidas al bar, aparecerán referencias a la gastronomía, mas bien a la elaboración de los platos y al servicio, pero si he de destacar alguna escena, por encima de las demás, es el paseo de los protagonistas “a bordo de un neumático” compartiendo un helado a la deriva por el río.

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