lunes, 29 de abril de 2013

En el nombre del padre

Ficha técnica

Título: En el nombre del padre
Director: Jim Sheridan
Año: 1993
Título original: In the name of the father
Nacionalidad: UK
Producción: Universal Pictures
Duración: 125’
Guión: Terry George & Jim Sheridan (Novela: Gerry Conlon)
Fotografía: Peter Biziou
Música: Trevor Jones (Bono, Gavin Friday)

Ficha artística

Daniel Day-Lewis (Gerry Conlon)
Emma Thompson (Gareth Pierce)
Pete Postlewaite (Giuseppe Conlon)
John Lynch (Paul Hill, “Triste luna”)
Beatie Edney (Carol Richardson)
Mark Sheppard (Paddy Armstong)
Don Baker (terrorista)

En el nombre del padre - el fancine - el troblogdita - Periodismo y Cine - Cine y Justicia - ÁlvaroGP
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El contexto de la película girará en torno a la banda terrorista IRA.

Gerry Conlon, un gamberro, ladrón de poca monta, sin oficio ni beneficio se verá involucrado por caprichos del destino en una trama desgarradora que cambiará su vida de un modo drástico y definitivo. Como decía, se trata de un muchacho sin Norte en una Irlanda sumida en el caos del terrorismo y la lucha armada y callejera contra los británicos.

Nuestro protagonista será confundido con un francotirador del IRA y a partir de ese momento su vida se verá inmersa en una sinrazón que bien podría parecer propia de la mezcla entre alcohol y alucinógenos de un escritor / guionista sumido en el LSD y litros de cerveza… Pero no es así. La película está basada en la novela del mismo nombre escrita por el propio Gerry Conlon, es su autobiografía y lucha particular por recuperar la dignidad y la libertad arrebatada por la injusticia de la Justicia.

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Gerry Conlon pasará parte de la película perseguido por la policía (por confundirlo con un terrorista) y al mismo tiempo perseguido por el IRA por ser un ratero irresponsable que por error se cruza en el camino de los asesinos. Es el mejor ejemplo de lo que podría pasarle a cualquiera que esté en el momento inadecuado en el sitio inadecuado.

Gerry Conlon, instado por sus padres (profundos católicos y fieles observadores de la rectitud moral) zarpará rumbo a Londres para huir de la delincuencia callejera y evadirse de una Irlanda del Norte envuelta en la pólvora y el ruido de las bombas.

Pero llegará a un Londres que paulatinamente se está convirtiendo en centro de operaciones terroristas del IRA. Objetivos civiles que son volados con bombas en aras de la independencia.

Y aquí vuelve a aparecer Gerry Conlon, quien lejos de irse a vivir con su tía irlandesa que emigrara años antes, decide formar parte de una comuna hippy tras encontrarse con su amigo de la infancia, Paul Hill, y dejarse ganar por la molicie y en vez de buscar empleo se dedica a las drogas y la vida ociosa e improductiva.

Entre medias conocerá a otros hippies de la comuna y nacerán rivalidades y celos entre ellos, cosa que le pasará factura cuando se ven mezclados con la trama del atentado de Guilford en Londres, donde morirían cinco muchachos y más de una veintena resultaría herida.


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Ya he dicho que Gerry había sido confundido con un terrorista, pues bien, su estancia en Londres al mismo tiempo que el atentado no hará sino complicar su vida hasta el punto de ir a caer en manos de un comisario de policía ávido de éxitos profesionales para medrar en su carrera. El comisario, un policía irlandés, amén de jueces sin escrúpulos y un Ministerio del Interior que acaba de aprobar la retención de presuntos terroristas durante siete días sin cargos para interrogatorios. Una mezcla de ingredientes que harán que dé con sus huesos en la cárcel arrastrando consigo a todos cuantos le rodean y hundiéndolo en la desesperación.

Digo un comisario ávido… Pero también la prensa, la radio y la televisión necesitaban noticias y exclusivas para respaldar las labores de las fuerzas de seguridad, unas labores que en algún caso pudieron ser erróneas, (se vería con el tiempo), pero que, y es perfectamente justificable, eran exaltadas desde los medios, deseosos de comunicar cómo se combatía al terrorismo y cómo se le iba ganando palmo a palmo el terreno a los terroristas.

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A partir de este momento, su vida se dividirá en dos partes, aceptar su situación real pasando por diferentes estadios de desesperación y por fin, la lucha activa por recuperar la Libertad a partir de la aparición en su vida de Gareth, una abogada decidida a descubrir la verdad, una verdad que incluye el descubrimiento de pruebas ocultadas a la defensa en el primer juicio y testigos silenciados para no interferir en el desarrollo del mismo, datos que harán que la opinión pública, informada por la prensa, a su vez recién informada por el desarrollo del juicio reabierto, vaya evolucionando desde la hostilidad hacia los Conlon, hasta la simpatía y solidaridad con estos condenados reconvertidos en presuntas víctimas.

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Una verdad que quedará reflejada en la Prensa local, la británica, tendenciosa a lo largo del tiempo, y casi tan “no independiente” como las fuerzas de seguridad, pues si bien termina apoyando a la causa de los Conlon, de entrada y a priori, se ceba en los irlandeses pidiendo su cabeza sin objetividad alguna, linchando moralmente a la familia indefensa que ve cómo se desestructura acosada y pisoteada por todos los poderes fácticos de la sociedad.

Craso error que no concebiríamos sin enmarcarlo dentro de una época de terrorismo que abofeteaba al Reino Unido una vez sí y otra también. Un terrorismo combatido con todas las de la Ley, puestos a defenderse, los británicos movilizaron al ejército para patrullar por los nidos de terroristas.

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