lunes, 29 de abril de 2013

El submarino

Ficha técnica

Título: El Submarino
Director: Wolfgang Petersen
Año: 1981
Título original: Das Boot
Nacionalidad: Alemania
Producción: Bavaria Film
Duración: 150’
Guión: Wolfgang Petersen (Novela: Lothar-Günther Buccheim)
Fotografía: Jost Vacano
Música: Klaus Doldinger

Ficha artística

Jürgen Prochnow (Capitán Heinrich Lehmann-Willenbrock)
Herbert Grönemever (Teniente Buchheim)
Klaus Wennemann (Johan, "el Fantasma", jefe de máquinas)

El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981 - El fancine - ÁlvaroGP
El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981
El fancine - ÁlvaroGP

Si tuviera que quedarme con tres películas en mi vida, sin duda alguna El submarino se encontraría entre ellas. Acompañada por El padrino, de Francis Ford Coppola, (la primera), y El séptimo sello de Ingmar Bergman. No sé en qué orden, quizás El padrino...

El sónar…

El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981 - El fancine - ÁlvaroGP
El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981
El fancine
 - ÁlvaroGP

Nada mas empezar la película, el primer sonido que escuchamos, antes incluso de ver imagen alguna es el sónar, un pitido agudo que taladra los tímpanos, la paciencia, los nervios y la entereza de la tripulación.

Escuchar el sónar es saberse vigilado, perseguido, acechado, y marcado a muerte por los buques destructores aliados que patrullaban por la superficie en busca de los U-Boats alemanes con la noble intención de hundirlos en el fondo del océano.

Hitler impulsó la fabricación en serie de estos submarinos, latas de conservas humanas que plagaban el Atlántico, primero para boicotear a las islas británicas y mantenerlas en jaque sin suministros alimenticios, y segundo, cortando las cadenas de suministros con los Estados Unidos, en su fase de "preguerra", en la que si bien todavía no habían declarado la guerra a Alemania, sí abastecían a los aliados con material bélico, voluntarios (estadounidenses y canadienses), y alimentos. Una vez envueltos en el conflicto, los alemanes extendieron sus tentáculos haciendo incursiones hasta el Golfo de Méjico y añorando emerger en Nueva York.

El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981 - El fancine - ÁlvaroGP
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Uno de los personajes, el Teniente Buchheim, es corresponsal de guerra, y tiene como misión informar de las vivencias de la marinería en los buques de guerra, así como de confirmar que la moral bélica no decae y la lealtad al Führer se mantiene intacta. Hoy en día hablaríamo sde "corresponsal de guerra", pero en esta peli y en aquella época, Buchheim era más un tentáculo del Ministro de Propaganda que un periodista conforme entendemos la profesión del periodismo en nuestros días. Digno papel para ser mencionado haciendo, como casi siempre, alusión a la relación entre Periodismo y Cine en mi blog.

El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981 - El fancine - ÁlvaroGP
El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981
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Al principio de la película hay unas líneas que enmarcan la escena, explicando que de los 40.000 marineros que se embarcaron en esta aventura, murieron 30.000. Empresa funesta y lapidaria donde las haya. De ahí la primera escena, en una taberna de la Rochelle, en la Francia ocupada, en la que el alcohol rezuma por los poros de aquellos que van a embarcar, destinados a morir, y como mucho a sobrevivir hasta la siguiente misión.

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La edad de las tripulaciones iría menguando sistemáticamente en función de las cuantiosas bajas y la siempre creciente demanda de carnaza para alimentar la propaganda. El Capitán pedirá al Teniente, (corresponsal de Prensa), al principio de la película, que no haga las fotos a la tripulación al inicio del viaje. Porque son unos niños, que espere a la vuelta, para que tengan barba, y razona que no quiere vejar a los ingleses mostrándolos el rostro imberbe de unos niños que son los que les traen por la calle de la amargura.

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La segunda escena te sitúa de lleno en el marco en que se desarrollará la acción. El Teniente irá recorriendo el submarino, de por si estrecho, precario, en el que le harán saber que el buque dispone de un aseo para cada 50 hombres, comparten las literas por turnos, comen donde duermen, y comparten todo con el objeto de no acumular trastos innecesarios.

Todo el recorrido por el buque se hará sorteando comida. Tienen tanta como permite el reglamento, y más. Cada espacio libre, cada camarote, cada resquicio en la sala de máquinas, y en la sala de torpedos, y hasta en el puesto de mando veremos fruta, bebida, costillares adobados, embutidos, latas de conservas y panes, (la misma litera del teniente, que por ser invitado, dispondrá de litera propia, está abarrotada de panes).

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El detalle de la comida no es “pecata minuta”.

Cuando uno navega experimenta nuevas sensaciones. En un barco, la condensación de la humedad puede llegar a ser tal que la transpiración es continua. Uno se humedece hasta el tuétano, no en sudor, que también, sino en humedad, pura y dura. Un velero, un catamarán, un barco de superficie tiene la ventaja del aire, se puede abrir una escotilla y el aire, por poco que sea, corre, y si no corre, aplaca la condensación y los olores y humedades "casi" se esfuman. Aunque poco, entra oxígeno.

El submarino - Das Boot - Wolfgang Petersen 1981 - El fancine - ÁlvaroGP
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En un submarino sumergido no existe tal posibilidad. Las inmersiones, las navegaciones se hacen por lo general bajo el nivel del mar, en “estado de guerra”, y esa condensación tiene que hacerse insufrible. Obviamente los sistemas de ventilación han ido mejorando con el paso del tiempo, pero recordemos que hablamos de la segunda guerra mundial, de submarinos prácticos, por versátiles, pero incómodos. Estaban diseñados, no para la comodidad de la tripulación, sino para sacar el máximo rendimiento a las miles de toneladas de hierro hueco cargadas de torpedos, almas humanas, sueños apilados en las escotillas y desesperación, cuando no el gran enemigo: la claustrofobia.

Pues bien. Los alimentos sudan, como nosotros.

El pan suda y se humedece, cubriéndose de moho.

El embutido suda, rezuma su grasa, pegajosa, olorosa, pringosa y se pega a las paredes de las fosas nasales.

Las frutas sudan y se pudren, como las verduras, y al pudrirse, apestan.

Sumemos cincuenta personas (por baño) que se lavan cuando se lavan, es decir, pocas veces por falta de medios, (las tripulaciones alemanas llegaron a tener que lavarse con aceite de motor, por escasez de agua). Pensemos en esas cincuenta personas con una actividad frenética esperando a cada instante que una mina les haga reventar, que un torpedo enemigo les parta el buque por la mitad, que un barco suelte una carga explosiva que les trepane los tímpanos, que no funcionen los motores y se queden encallados a cien metros de la superficie, que tengan que dosificar el oxígeno y compartir las botellas, sumemos el peso de las ideologías languideciendo y minando la moral, sumemos el miedo a la presión del agua, capaz de aplastar la masa de hierro como si fuera una lata de refresco, y sumemos una vía de agua sin que la bomba funcione y tengan agua hasta las rodillas… Sumemos todo esto y cómo se manifiesta corporalmente en la tripulación, condensando el ambiente, oprimiendo los sentidos y abofeteando las conciencias.

Todo esto lo refleja Wolfgang Petersen con la mayor de las maestrías en esta película, todo esto y más, pues nos transmite sentimientos, emociones…

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El enamorado porque quiere volver a los brazos de su amada que le espera en tierra; el cobarde quiere salir a superficie, aunque sea a nado y reventándole los tímpanos; el héroe se hunde en su impotencia al no poder hacer nada; el “fantasma” (Johan en la película) Jefe de Máquinas, un lobo de mar, un profesional, imperturbable, es presa de un ataque de histeria… Todo lo lógico en superficie carece de sentido bajo el agua, y todo lo ilógico, cobra sentido al responder a la última llamada del ser humano: la desesperación.

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La película se podría dividir en dos partes, “hasta Vigo y después de Vigo”, pues se acercarán al puerto de Vigo, (España era neutral en la segunda guerra mundial), para compartir mesa y mantel con la tripulación de otro barco, (solo los oficiales). Ahí recibirán el encargo de la verdadera misión, suicida, la de atravesar el Estrecho de Gibraltar en manos de Su Graciosa Majestad: un campo de minas, sin profundidad para sumergirse, sin ancho para poder evadirse, sin esperanza para llegar al destino... una telaraña de buques, fragatas, minas de superficie y cargas de profundidad. Hasta ese momento, formaban parte de las misiones "Manada de lobos", operando en el Atlántico Norte, entre los Estados Unidos, Escocia y Noruega.

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Al partir de Vigo veremos nuevamente el barco repleto de alimentos, (entre ellos, vemos estibados docenas de plátanos de Canarias, en tuberías, y donde sea), el bien mas preciado, por escaso, obviando el oxígeno, por supuesto.

La humanidad de los personajes es sobrecogedora, su respeto hacia el enemigo, su temor y su orgullo… Hay una escena con un destructor británico que encoje el corazón y te lo estruja en la oscuridad de la noche en el mar. Hay persecuciones en las que el submarino huirá como un zorro acosado por los lebreles…

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Desde el minuto 1 al 150 se trata de una obra de arte cinematográfico. Optó a seis estatuillas en los Oscar y supuso el trampolín, para su director, al cine americano. Y es, sobre todo, una lección de Humanidad.

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